Cantabria por el Sáhara ONG

Segundo día en los campamentos: acompañamiento en los centros de discapacidad y visitas familiares en El Aaiún

Ayer domingo recorrimos El Aaiún entre centros de discapacidad, escuelas y hogares, en un día que nos acercó a los ritmos y desafíos que atraviesan la vida en los campamentos.

El Aaiún – CPRS – 30/11/2025. Fue un día muy intenso de trabajo. Salimos temprano de Smara, de la jaima donde estamos alojadas, para recoger a Mila y Liano en la jaima donde se encuentran pasando la estancia, también en Smara pero bastante apartada, donde vive la familia saharaui cuyas hijas pasaron los veranos en Cantabria acogidos por ellos, una relación que siguen cuidando desde entonces. Subimos una pequeña colina y allí estaba. En el camino nos llamaron la atención los corrales para animales, cabras y dromedarios. Están construidos con materiales reutilizados: chapas, malla de gallinero, puertas de coches, tapas de diverso tamaño, plásticos, mantas,… Algunos tienen techo para dar sombra a los animales. Por el día vemos a las cabras ramonear casi cualquier cosa: papel, cuerdas, plásticos. La adaptación de los animales al entorno hace que aprovechen restos que forman parte de la vida en los campamentos, y su alimento principal son los restos orgánicos domésticos.

Antes de salir, debemos pasar por Protocolo para recoger los permisos para los coches y para nosotras, ya que vamos a cambiar de wilaya y es necesario comunicarlo.

Saliendo de Smara, cogemos la carretera asfaltada hacia El Aaiún. Pasamos junto a pequeños puestos donde se vende gasolina de procedencia diversa, que suele ser más cara y percibirse como de menor calidad que la que llega desde Tinduf y que muchas familias prefieren.

Vamos a buena velocidad, el asfalto está en buenas condiciones y con bastante tráfico. La gente se desplaza con frecuencia entre wilayas y, para quienes no tienen coche, existen puntos de espera donde los vehículos que pasan recogen a quienes van al mismo destino.

Este paisaje no es solo arena y piedra. Aparecen zonas donde se acumulan residuos arrastrados por el viento, lo que hace que plásticos y otros restos se dispersen por diferentes áreas. Es una realidad que afecta a las wilayas y dairas y que forma parte de los retos ambientales y de gestión de residuos que afrontan día a día las personas que viven en los campamentos.

Llegamos a El Aaiún y nos repartimos en tres grupos de trabajo para confeccionar las fichas de las niñas y niños del Centro de Educación Especial (CEE), del Centro de Discapacidad Sensorial (CES) y coordinar la tarea con la trabajadora social. Recogemos todos los datos posibles para contar con una base actualizada de los y las menores con posibilidad de participar en el Programa Vacaciones en Paz, ya sea en el acogimiento colectivo o en acogida familiar. Contamos con intérpretes saharauis para facilitar el diálogo con el profesorado y con las familias. Han sido unas horas muy intensas de elaboración de fichas. Los y las menores nos muestran sus aulas y actividades, compartiendo su día a día con nosotras y con el equipo saharaui. El profesorado del centro está formado íntegramente por mujeres, y se las ve muy implicadas en su trabajo; algunas hablan español porque participaron en Vacaciones en Paz durante su infancia, lo que facilita aún más la comunicación.

Después de completar el trabajo decidimos comer en el propio centro. Nos preparamos unos bocadillos para aprovechar mejor el tiempo.

Durante la mañana el tiempo fue cambiando y salió un viento incómodo que levantaba mucha arena, así que fueron imprescindibles gafas y pañuelo. Son condiciones habituales del desierto, donde la arena se mueve, entra en las casas y se cuela por cualquier rendija.

Por la tarde visitamos a las niñas y niños que comparten su experiencia estival en La Granja de Heras. Por la mañana ya habíamos tenido oportunidad de ver a algunos en los centros y acercarles una bolsa con material educativo y sanitario. Para aprovechar mejor los desplazamientos nos dividimos en dos grupos y fuimos al encuentro con sus familias. Moverse por los barrios es complejo, ya que no existe numeración oficial de las viviendas ni señalización en las calles, aunque sabemos el barrio y contamos con el teléfono para que nos indiquen, además de la buena orientación del chófer.

Llegamos a casa de Muna. Nos recibe una familia numerosa de hermanos, tías, primas y alguna vecina. Tienen preparada la mesa con dátiles, frutos secos y el riguroso té de bienvenida. La familia está muy implicada en los cuidados, poniendo en práctica los tratamientos recomendados para su mejora. Fue una alegría compartida para Cristina, nuestra fisioterapeuta, ver cómo la familia sostiene el trabajo iniciado en verano.

El segundo niño al que visitamos estaba en el mismo barrio, lo que nos facilitó su encuentro. Brahim nos espera sentado en la puerta de su jaima, junto con sus padres y la abuela. Saludamos a cada persona con el gesto habitual de cortesía, un pequeño abrazo o estrechamiento de manos, y recibimos los presentes que ofrecen. La relación es cercana, y en esta ocasión es el padre quien prepara el té

El tiempo se nos escapa y nos hubiera gustado quedarnos más, pero Protocolo, por cuestiones de seguridad, establece una hora de regreso y aun nos queda por visitar a Salama para saludarlo y acercarle el material previsto y que Cristina puediera valorar los avances de estos meses tras su participación en el programa.

El regreso a Smara puso punto final a un día de trabajo intenso y valioso, con la puesta de sol sobre la hamada argelina, ese sol naranja y ese cielo azul que completan tonos de amarillo y un “hasta mañana”.

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