La jornada nos llevó hasta El Aaiún para conmemorar el día de la discapacidad con familias, alumnado y profesorado de todas las wilayas, en un espacio que mostró el trabajo colectivo y la organización que sostiene los Centros de Educación especial y de discapacidad sensorial.
El Aaiun- CPRS- 3 de diciembre de 2025. Sin darnos cuenta ya hemos superado la mitad de nuestros días en estas tierras que se han convertido en el lugar de vida de una parte del pueblo saharaui desde su exilio hace ya cincuenta años. Lo que empezó como una situación pensada para ser temporal se ha ido afianzando en esta situación de refugio prolongado, hasta configurar los hogares que sostienen hoy. El paisaje es una mezcla de casas de ladrillo junto a vestigios de antiguas construcciones de adobe y materiales reutilizados, con caminos de arena y piedra. Al entrar en las jaimas y hogares se hace visible el cuidado con el que las familias organizan su espacio, incluso con recursos limitados, una constancia que atraviesa la vida en los campamentos.
Hoy nos hemos desplazado a El Aaiún a la conmemoración del Día Internacional de la Discapacidad, motivación de uno de nuestros proyectos en Cantabria por el Sáhara. Se ha instalado una jaima a las puertas del Centro de Educación Especial de la wilaya y, bajo su sombra, nos encontramos con niñas y niños procedentes de las distintas wilayas; alumnado de los centros de discapacidad intelectual, sensorial y autismo que han podido asistir, acompañados por sus familias. En la jaima hay música mientras van llegando las personas participantes y las y los menores disfrutan bailando al ritmo de la música que acompaña el encuentro, una celebración compartida desde el primer momento. En el centro hay varias salas donde se exponen los trabajos realizados por el alumnado. El profesorado explica las actividades destacando el compromiso de cada equipo, y podemos disfrutar de los postres elaborados por las madres para el evento. Todo tiene un aspecto estupendo y acabamos comprando un bizcocho y una tarta de chocolate para la comida.

Mientras la espera se hace un poco larga, oímos que ya van a empezar los actos previstos. El anfitrión del encuentro ofrece su intervención de bienvenida en hasaní y, a continuación, habla el gobernador de la wilaya, Al Ghouth Mamouni, que dirige unas palabras en castellano para las personas cooperantes de diferentes comunidades autónomas de España que estamos presentes. Por nuestra parte, la persona representante de la coordinadora de apoyo a los proyectos de discapacidad da las gracias por este día festivo y de encuentro para todas.
La música continua y los más bailarines salen al círculo central en medio de palmas y algarabía.
Aprovechamos el momento y el lugar para visitar el centro de cerámica, donde se forma a mujeres en las técnicas del modelaje en barro, y se ofrece la posibilidad de integrarse en la cooperativa a quienes desean continuar. Tienen una tienda donde venden sus piezas para el desarrollo de su proyecto y beneficio de su trabajo. El esfuerzo por formarse y fortalecer sus iniciativas da mucho valor a estas mujeres que aprenden y crean arte.

Para comer nos vamos a casa de Abdel, hermano saharaui de una compañera de Cantabria por el Sáhara, cuya familia lo acogió a él y a otro de sus hermanos a través del programa Vacaciones en Paz; Abdel está compartiendo con nosotras estos días y facilitando nuestra estancia desde la relación que mantenemos desde hace años. Respondemos a la invitación de su familia y vamos todo el grupo a su jaima, donde conocemos a la abuela, la madre, tías, primos y hermanos. La familia saharaui mantiene una vida comunitaria en la que la hospitalidad ocupa un lugar central, y comparte lo que tiene con las personas que estamos aquí. Nos han ofrecido una sopa llamada harira y un pollo asado con arroz y especias muy sabroso llamado kabsa. El postre fue nuestra aportación, el bizcocho y la tarta elaborados por las mujeres saharauis.
Nosotras, como invitadas, hemos comido primero; luego lo han hecho las mujeres mayores de la familia, después los hombres y, por último, mujeres y niños. Puede resultarnos llamativo desde nuestras referencias culturales, pero es importante no interpretar estas prácticas desde una mirada externa o comparativa. La comida ha sido de larga preparación: éramos muchos los comensales, trece personas invitadas, y después toda la familia, con el esfuerzo que implica organizar una comida así en casas sin grandes cocinas y recurriendo a todos los recursos disponibles, con varias mujeres encargadas de la preparación que, al finalizar, se han sumado a la conversación.

Tras salir de casa de Abdel ya marchamos de El Aaiún hacia Smara. Pasamos los controles rutinarios de salida y entrada en las wilayas y, aprovechando el tiempo que nos queda de la tarde, vamos de compras de alimentación para la casa y en busca de unas estanterías para Tag, la matrona anfitriona de nuestra jaima, a la que queremos agradecer toda su hospitalidad y contribuir a que disponga de un espacio de trabajo mejor organizado para ella y las mujeres a las que atiende. Encontrar los almacenes y el transporte de las estanterías tuvo su propio modo de resolverse, ya que el traslado se realizó sobre el techo del coche y sujetándolo con las manos, una práctica común en los campamentos, donde cada solución se adapta a las circunstancias disponibles.






