Cantabria por el Sáhara ONG

Séptimo día en los campamentos. Memoria, salud y resiliencias en Bol-la

La jornada nos llevó hasta Bol-la, un espacio clave entre Rabuni y Smara donde conviven servicios de atención sanitaria, memoria histórica y proyectos comunitarios. Un día marcado por conversaciones profundas, historias de vida atravesadas por la guerra y recorridos que muestran la organización y la fuerza con la que las personas saharauis sostienen los campamentos.

Bol-la – CPRS – 5 de diciembre de 2025. En la mañana de hoy nos hemos desplazado hasta la zona de Bol-la, entre la zona administrativa de Rabuni y la wilaya de Smara. Es un emplazamiento militar donde, entre otros servicios, se encuentra el hospital militar y el Centro Chahid Chreif. Mientras esperamos al director del hospital, recorremos las instalaciones. En el paisaje destacan las edificaciones que en su día fueron un centro de discapacidad, Casa Paradiso. Algunos de los primeros menores que participaron en el acogimiento colectivo en Talledo asistieron allí. Nos acercamos a los edificios colindantes, que siguen en funcionamiento, y donde se alojan las distintas comisiones que se desplazan a los campamentos para dar apoyo y realizar consultas e intervenciones quirúrgicas a la población refugiada.

En el Hospital Militar nos recibe Ahmed, su director. El hospital fue construido a principios de los años 80 para atender a los soldados heridos en la guerra, pero hoy también atiende a la población civil y recibe comisiones médicas que operan en estas instalaciones. Hoy es viernes, día de descanso en los campamentos, por lo que no hay personal en actividad regular. Aquí trabajan tres médicos que atienden consultas, y si hay personas ingresadas, se turnan junto con el personal de enfermería y los conductores de ambulancias.

Hacemos una visita por el interior del hospital viendo las habitaciones de hospitalización y los dos quirófanos. Son sencillos, pero cuentan con lo necesario para funcionar: sala de antequirófano, reanimación y esterilización. Aportamos el material que requerían para completar las reservas del centro. Nos despedimos de Ahmed con gratitud por recibirnos a pesar del día de descanso.

Próximo al hospital está el centro de mutilados de guerra, un espacio que muestra una realidad poco visible incluso dentro de los propios campamentos. Nos reciben sin haber podido concretar la visita previa y nos acompañan a conocer a cuatro personas que viven actualmente en el centro. Las viviendas son casitas organizadas en círculo con un patio central. Cada alojamiento es sencillo: salón-dormitorio, cocina, baño y, en algunos casos, una estancia adicional.

Las personas heridas durante la guerra contra Marruecos, desde 1975 hasta el alto el fuego de 1991, y con un conflicto que volvió a activarse tras la ruptura del acuerdo en 2020, son reconocidas como mártires de la causa saharaui y viven en este centro con sus familias, que en muchos casos están fuera en otras wilayas estudiando o trabajando.

Entramos en sus casas. Nos cuentan algo de su situación actual y de cuando sufrieron las heridas: personas con afectaciones de movilidad, pérdida de manos o lesiones graves, y un señor cuya edad y heridas lo mantienen actualmente postrado. La comunicación es difícil, ya que hoy no contamos con traductor y ellos no hablan castellano.

En la última casa conocemos a otro mutilado que habla perfectamente castellano. Cuando comenzó la guerra él tenía 16 años; había estudiado en el Sáhara Occidental y se encontraba trabajando en España, pero regresó para unirse al Frente POLISARIO. Se llama Baby Chin, su apodo guerrillero.

Tiene hijos en España, pero sigue aquí. Nos recibe con un té y nos cuenta su vida en Dajla y cómo es su día a día. Explica que cuentan con alimentos distribuidos por la Media Luna Roja y el Gobierno saharaui, así como servicios básicos como electricidad y televisión, aunque la sencillez del lugar refleja las limitaciones propias del exilio prolongado.

Están alejados de las demás wilayas: la más cercana es Smara, a unos 40–45 minutos a través del desierto argelino.

Su capacidad de resistencia nos conmueve profundamente, y su esperanza es poder regresar algún día a su tierra. Aunque la edad juega en su contra, esa posibilidad sigue siendo su horizonte. Hemos pasado un momento muy especial con él. Ha disfrutado de nuestra visita y, al despedirnos, la emoción ha sido intensa. No es solo observar su realidad, es sentir la fuerza de lo que transmite.

Nos vamos con el corazón encogido y su semblante grabado en la memoria.

La última visita del día la CEFA; Centro de Experimentación y Formación Agraria. El lugar está cerca, y aunque habíamos quedado para la tarde, el ministro de Soberanía Alimentaria acude cuando lo llaman. Baba nos enseña las instalaciones y nos cuenta cómo se creó el proyecto en 1991. La moringa es un árbol cuyas hojas se secan, pesan, trituran y envasan al vacío en bolsas de 200 gramos. Se distribuyen entre las familias saharauis como complemento alimenticio por su alto contenido proteico, y también como apoyo para personas con diabetes. Se añade a la comida una vez cocinada; con 20 gramos es suficiente.

La plantación es un pequeño vergel rodeado de arbolado y cultivos de cebada para animales. Los árboles se riegan por goteo, aunque en otra zona tuvieron problemas con la bomba del pozo y tardaron en conseguir repuestos. Esta dificultad es común: la falta de piezas para reparar equipos limita el funcionamiento de muchos proyectos.

Hoy regresamos temprano a Smara. La jaima está llena de movimiento familiar: están preparando una boda para el día 10 y empiezan a levantar otra más grande para acoger a la familia del novio. Para finalizar la jornada, nos acercamos al mercado para realizar unas compras de objetos que nos llevaremos de recuerdo de nuestro paso por esta tierra

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