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Un último viaje negado: tres meses de bloqueo burocrático impiden a una familia saharaui enterrar a su hijo

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Una familia saharaui lleva más de tres meses esperando poder repatriar el cuerpo de su hijo fallecido en Tenerife para darle sepultura en el Sáhara Occidental. La información, difundida por Equipe Media, denuncia que las autoridades marroquíes de ocupación están bloqueando deliberadamente el proceso como forma de represalia política.

Durante más de tres meses, una familia saharaui permanece atrapada en un limbo burocrático que les impide cumplir con uno de los actos más básicos del duelo: enterrar a su hijo en su tierra. El fallecido murió tras una enfermedad en las Islas Canarias, pero su cuerpo sigue sin poder ser trasladado al Sáhara Occidental.

El caso ha sido hecho público por Equipe Media a partir del testimonio de Ali Saaoudini, hermano del fallecido y ex preso político saharaui que vive en el exilio. Según su relato, tras la muerte de su hermano mayor la familia inició de inmediato los trámites necesarios para la repatriación, un procedimiento ya complejo por tratarse del Sáhara Occidental, territorio ocupado por Marruecos y pendiente de descolonización.

Lejos de resolverse, el proceso se convirtió en una sucesión de retrasos y bloqueos. Saaoudini denuncia que las autoridades marroquíes señalaron a la familia por su apellido, vinculado a su historial de activismo político.

Según explica, el argumento utilizado fue que el fallecido compartía apellido con un ex preso político saharaui, lo que llevó a las autoridades a considerar a la familia como “separatista”.

Tras superar los primeros obstáculos administrativos y obtener la documentación requerida por las autoridades españolas, el bloqueo pasó a concentrarse en el consulado marroquí en las Islas Canarias. En esta fase final, pese a estar completados todos los trámites formales, se impidió la liberación y el traslado del cuerpo.

A día de hoy, la familia Saaoudini sigue viviendo un duelo suspendido. Su petición no ha cambiado: poder enterrar a su hijo conforme a sus tradiciones y cerrar un proceso de despedida que permanece paralizado por una burocracia que consideran profundamente política.

“El dolor por su pérdida es inmenso”, concluye Ali Saaoudini, “pero que su regreso a casa sea utilizado como un castigo es una crueldad insoportable”.

El caso vuelve a poner de relieve cómo, en el contexto del Sáhara Occidental, la ocupación alcanza incluso a los ámbitos más íntimos de la vida, negando derechos básicos y utilizando el sufrimiento familiar como herramienta de presión y castigo.