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Primer día en los campamentos saharauis: encuentros, cuidados y vida compartida en Smara

Tiempo de lectura: 4 minutos

Nuestro primer día en Smara nos llevó entre jaimas, mercados y hogares, en un recorrido que nos abrió a los ritmos y realidades que dan forma a la vida en los campamentos.

Smara – CPRS – 29/11/2025 – Amanecimos después de una corta noche de descanso, ya que llegamos a nuestra jaima a las 6 am. Allí estaba Tag, quien será nuestra gran anfitriona durante los nueve días que pasaremos en los campamentos. Nos desperezamos y salimos a tener el primer contacto con nuestro entorno, en Smara. Saludamos a la familia de Tag, que vive en la jaima contigua, y subimos al pequeño alto donde está situado el depósito de agua, un magnífico mirador. Con calma, contemplamos este entorno de piedra y arena repleto de jaimas, casas de adobe y otras de ladrillo más recientes. Smara es la wilaya más grande y solo alcanzamos a ver una parte de ella, pero sirve para hacernos una idea de este pueblo que sostiene su vida en el exilio.

A media mañana nos acercamos al mercado de Smara, que recorre dos de las calles principales de la wilaya y donde se pueden encontrar tiendas de ropa, menaje, comida, artesanía diversa y telas de ropa tradicional saharaui. Observamos una dinámica habitual en la zona: la mayoría de los vendedores son hombres, mientras que muchas mujeres realizan las compras. También comprobamos que moverse por los caminos de la wilaya puede ser un laberinto, ya que no existe señalización que nos ubique con facilidad. Solo quienes viven allí parecen orientarse con la familiaridad que da la vida cotidiana entre las jaimas y las casas.

Después de disfrutar de una excelente comida preparada por Tag, por la tarde nos dirigimos a visitar a algunas niñas y niños con discapacidad que participan en la acogida en el CIFP de Heras.

De camino hacemos una parada en la biblioteca Bubisher de Smara, un precioso proyecto convertido ya en una realidad consolidada. Nos la enseña Amira, bibliotecaria del proyecto, quien nos explica con entusiasmo cómo empezó la iniciativa de bibliobuses itinerantes que terminó convirtiéndose en bibliotecas en cada wilaya, donde se llevan a cabo actividades diarias con niñas, niños y colegios.

Tras la visita, llegamos a casa de Abdel, un niño con discapacidad severa a quien hemos acogido durante varios años. Para nosotras fue emocionante ver que nos reconocía y nos recibía con su sonrisa eterna, como en los veranos que pasó en Cantabria. Su familia nos recibió con la hospitalidad propia de quienes viven en los campamentos, en la que no falta el té, y compartimos con la familia los suplementos alimenticios y medicamentos que llevábamos. Conversamos juntas sobre las dificultades y limitaciones para sostener las terapias de estimulación y movilidad recomendadas, dada la realidad de los campamentos.

Muy cerca de Abdel vive Wafa, una niña a la que tenemos la oportunidad de acoger en Cantabria desde hace dos veranos. Wafa, a pesar de su discapacidad, transmite una energía que llena cualquier espacio. Nos recibió con abrazos y, por la sorpresa, casi sin palabras. La familia preparó de nuevo su gesto de bienvenida, con el aroma del té, el olor de las ascuas del carbón y el calor de una atmósfera familiar sumamente agradable.

Reapareció un reto ya conocido: dialogar con las familias, desde la escucha mutua, sobre la importancia de que niñas como Wafa puedan acudir a los centros educativos. Nos despedimos con intercambio de regalos y pusimos a disposición de la familia los medicamentos y suplementos nutricionales previstos.

Regresamos a nuestra jaima ya entrada la noche, con la luna iluminando el desierto. Al llegar, vimos que Tag nos tenía preparada la cena en el exterior de la jaima, donde ardía un pequeño fuego para combatir el frío de la noche y había dispuesto la mesa junto a una alfombra donde nos sentamos para compartir unos pinchos morunos recién hechos en las brasas, un cierre perfecto para nuestro primer día en los campamentos.