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Delegacion cantabra en los campamentos

Cuarto día en los campamentos. Mujeres, memoria y convivencia entre Bojador y Auserd

Tiempo de lectura: 4 minutos

La mañana llegó de nuevo con la calima del siroco, que se ha hecho presente en nuestros recorridos, en una jornada marcada por encuentros con mujeres saharauis, espacios de memoria, visitas familiares y gestos que muestran la convivencia y las redes que sostienen los campamentos.

Bojador, CPRS, 02/12/2025. Nuestro cuarto día en los campamentos amanece tras una noche de emociones fuertes. Nuestra anfitriona Tag, matrona, en su casa que ahora también sentimos como nuestra, ha ayudado a traer al mundo a dos niños. Y en el primero pudimos acompañar parte del proceso desde el respeto y la cercanía, una experiencia que nos emocionó profundamente.

En el desayuno, la conversación giró en torno a cómo pequeños detalles evidencian lazos de apoyo compartido entre mujeres, como los patucos que lucen los bebés en sus primeras fotos, tejidos por una mujer de Castro Urdiales como gesto de afecto entre territorios.

Hoy nos dirigimos hacia Bojador en el coche conducido por Lefdal, sobrino de Tag, traductor y compañero en estos desplazamientos. Nos acompaña cada mañana la música árabe que forma parte del ambiente sonoro habitual y acompaña el trayecto entre wilayas.

Llegamos al Centro de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, donde encontramos a un grupo de mujeres que reciben clases de castellano, algo que, como explica el profesor, ellas mismas han solicitado. Visitamos una sala donde se recoge la participación decisiva de las mujeres en el éxodo y en la organización de los campamentos, con numerosas publicaciones, muchas de ellas en castellano.

Al salir coincidimos con un grupo de Alicante y visitamos juntas el Bubisher de Bojador. La bibliotecaria nos cuenta que también participó en Vacaciones en Paz y nos lee Palabras de Caramelo, de Gonzalo Moure, un libro muy recomendado basado en la historia de un niño saharaui sordo.

Visitamos también el cercano Museo de la Guerra y el de arte prehistórico del Sáhara. Nos recibe Ahmed, antiguo combatiente que trabajó ocho años como arqueólogo en los territorios del Sáhara Occidental. Tuvimos la fortuna de sumarnos a la visita guiada que el grupo de Alicante había concertado.

Rubio, así lo conocen, nació en el Sáhara Occidental en la etapa previa al abandono español y es una fuente inagotable de anécdotas y vivencias. Actualmente reparte su vida entre España y los campamentos y conoce a varias personas de Cantabria, entre ellas a Fernando Llorente, escritor y profesor en el Sáhara antes de 1975.

Para comer, nuestros conductores nos llevan al desierto en busca de un árbol que nos dé sombra y donde preparar té. Adentrarnos en la hamada nos recuerda la dimensión del territorio y la manera en que las comunidades sostienen su día a día en este entorno.

De camino de vuelta, vemos grupos de jaimas de pastores que viven con sus rebaños de cabras y dromedarios.

Ya en Bojador visitamos a Ali, uno de los niños que participa en verano en el CIFP La Granja. Nos espera junto a su familia, hermanos, primos y tías. Es un recibimiento habitual en familias saharauis, donde la red familiar cercana ocupa un lugar central.

Al caer la tarde ponemos rumbo a Auserd para visitar a dos menores integrantes del grupo, Ahmed y Azedin, participantes de Vacaciones en Paz en Cantabria . Encontramos familias muy implicadas y que, tras las dudas del primer año, comparten su satisfacción por la experiencia de los menores y por los avances que observan en su desarrollo y tratamiento.

Smara nos recibe con la puesta de sol y, como indica Protocolo, antes de las siete de la tarde para garantizar nuestra seguridad. Nasra, sobrina de Tag, nos espera con una cena reconfortante.

El cierre del día lo pone un nuevo nacimiento. Una niña saharaui llegó al mundo en la hamada, un gesto que encierra esperanza, continuidad y fortaleza colectiva.