Amanecimos con la calma del último día, repasando el camino recorrido y acompañando los últimos encuentros en Smara y Rabuni. Una jornada de despedidas, conversaciones y gestos cotidianos que cierran un viaje marcado por el aprendizaje compartido y el compromiso con la población saharaui.
Smara – 06 de diciembre de 2025. Nuestro último día en los campamentos amanece despacio. Nos hemos quedado en casa de Tag, salvo las veteranas, Charo y Carmen, que tenían los últimos encuentros en el Hospital de Smara y en Rabuni. Ellas han sido quienes han organizado todas las visitas realizadas en este viaje, para muchas era la primera vez. Un trabajo previo que se ha coordinado para que todas hayamos conocido cómo se sostiene la vida en situación de refugio: centros de discapacidad, hospitales, bibliotecas, dispensarios y diversos proyectos apoyados por las ONGD. Hemos podido acercarnos a todas las wilayas, salvo Dajla, que queda a unos 150 km al sur, hacia la frontera con Mauritania.

Estamos muy agradecidas por su trabajo y a Cantabria por el Sáhara por esta oportunidad de conocer la realidad de la población saharaui desde múltiples ángulos. Desde momentos especialmente significativos, como acompañar la llegada al mundo de varios bebés, hasta otros que resultan más duros por los desafíos cotidianos que afronta la población en los campamentos.
Hemos visitado a la mayoría de los y las menores que participan en Vacaciones en Paz en el ámbito de la discapacidad, poniendo rostro a sus familias, que se alegran de vernos y esperan el verano para reencontrarse en Cantabria.
Esta mañana nos han venido a ver varios chicos y chicas, ya adolescentes, que por edad han concluido su participación en el programa, pero con quienes mantenemos un vínculo de afecto y seguiremos visitando siempre que regresemos.

El tiempo aquí da para mucho. Terminamos de colocar baldas, material y medicamentos, mientras Tag atiende a diversas mujeres que vienen a la clínica para el seguimiento de su embarazo. Salimos un momento a tomar el sol, ya que hoy el día está algo fresco y con nubes, y se agradece. Para muchas mujeres saharauis, cubrirse del sol forma parte de sus prácticas habituales de cuidado y de su propia referencia cultural.
De lo más preciado que se disfruta aquí es la calma y la tranquilidad. Sin ruidos, con la amplitud del desierto visible desde cualquier montículo, encontramos un espacio que invita a parar y pensar, siempre conscientes de que para la población saharaui este mismo paisaje forma parte de su vida diaria en situación de refugio.
Hoy cenamos temprano, ya que tendremos nuestro vuelo nocturno y regresaremos, si todo va bien, a eso de las 22.30. La noche llega y disfrutamos de la luna llena, aunque hoy permanece detrás de las nubes.

Mi última mirada al cielo busca esas estrellas que durante generaciones guiaron a las tribus saharauis en sus recorridos por el desierto, y que siguen siendo un símbolo de orientación y esperanza en su regreso a la tierra que les pertenece: el Sáhara Occidental.
Nota final:
Desde Cantabria por el Sáhara queremos agradecer profundamente a la delegación que se ha desplazado estos días a los campamentos saharauis por su disponibilidad, su cercanía y su trabajo. Para muchas personas del grupo era su primera estancia en los campamentos, un contexto que la población saharaui sostiene desde hace medio siglo de exilio forzoso.
Valoramos el esfuerzo, la constancia y la sensibilidad con la que han compartido espacios, escuchas, encuentros institucionales, visitas familiares y recorridos por los centros de discapacidad, hospitales, escuelas, wilayas y proyectos. Sabemos que convivir con esta realidad suscita emociones diversas y a veces contrapuestas, y precisamente por eso agradecemos la honestidad con la que han mirado y contado lo vivido.
Desde aquí solo les pedimos lo mismo que tantas familias, profesionales y autoridades saharauis expresan en cada viaje: que hablen del Sáhara Occidental, que expliquen en sus entornos lo que implica la ocupación, el exilio y la diáspora para un pueblo que sigue resistiendo, que sigan nombrando esta injusticia para que el silencio no la cubra.

Queremos agradecer a nuestra voluntaria María José, , por la mirada atenta y comprometida con la que ha elaborado y enviado las crónicas diarias del viaje. Gracias a ella hemos podido seguir de cerca cada jornada, cada encuentro y cada aprendizaje compartido.
Nuestro agradecimiento y nuestro compromiso continúan. El pueblo saharaui no camina solo.





